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Activación de narrasis prexistente

Activación de narrasis prexistente

Dentro del marco de la teoría de la Narrasis, el símbolo se define estrictamente como un operador funcional y no como un contenedor de significado intrínseco.

El símbolo no define, no representa y no sustituye un referente externo.

Su función estructural exclusiva consiste en actuar como activador.

El símbolo no crea la narrasis

Cuando hablamos de activación de narrasis preexistente, la teoría sostiene que un símbolo nunca construye una narrasis desde cero ni implanta por sí mismo una estructura narrativa completamente nueva.

El símbolo únicamente activa configuraciones narrásicas ya potencialmente presentes dentro del sistema que lo reconoce.

No produce continuidad operativa de manera autónoma.

Activa la posibilidad de que una narrasis previamente habitada despliegue determinadas configuraciones organizativas ya existentes.

Por eso el símbolo no transmite realmente un contenido universal ni impone un significado externo sobre un sistema vacío.

Sólo puede activar aquello para lo que el sistema ya posee condiciones estructurales de reconocimiento.

Acoplamiento estructural

Para que la activación simbólica tenga éxito, el símbolo debe conseguir acoplarse estructuralmente con el sistema preexistente.

El símbolo no activa porque posea una potencia universal intrínseca, sino porque logra conectar con configuraciones ya parcialmente estructuradas dentro del sistema.

Este acoplamiento depende de varias condiciones previas.

Reconocimiento estructural

El sistema debe poseer ya cierta capacidad para procesar el patrón activado.

Si el símbolo aparece completamente fuera de las estructuras de reconocimiento disponibles, la activación fracasa y el símbolo permanece operativamente irrelevante.

Compatibilidad con tensiones activas

El símbolo debe entrar en resonancia con tensiones, conflictos, deseos o carencias que ya se encuentren activos dentro del sistema.

Un símbolo incapaz de conectar con dinámicas narrásicas existentes no consigue producir reorganización operativa.

Posibilidad de integración

La activación simbólica debe poder integrarse dentro de la continuidad operativa del sistema sin provocar colapso estructural inmediato.

Cuando la activación excede completamente la capacidad integradora del sistema, aparece rechazo, disonancia extrema o fragmentación operativa.

Prioridad del sistema nervioso

En sistemas humanos, esta activación ocurre primero a nivel del sistema nervioso.

Antes de cualquier interpretación racional o elaboración discursiva, el símbolo desencadena una respuesta fisiológica de relevancia:

  • adhesión,
  • rechazo,
  • tensión,
  • identificación,
  • fascinación,
  • miedo,
  • o interés.

Si el símbolo no consigue activar el sistema nervioso, permanece como materia inerte incapaz de integrarse operativamente dentro de la realidad funcional del sujeto.

La activación precede siempre a la interpretación.

Diferencia de activaciones

Precisamente porque el símbolo sólo activa configuraciones ya existentes, una misma forma simbólica puede producir activaciones radicalmente distintas según el sistema narrásico que la reciba.

La cruz cristiana, por ejemplo, permanece materialmente idéntica.

Sin embargo, las narrasis activadas pueden ser estructuralmente diferentes dependiendo de si el sujeto opera dentro de:

  • un marco católico,
  • protestante,
  • secularizado,
  • o incluso antirreligioso.

La diferencia nunca reside únicamente en el símbolo.

Reside en la narrasis preexistente que el símbolo consigue activar.

La interpretación como elaboración posterior

Como el símbolo sólo activa lo que ya estaba estructuralmente disponible dentro del sistema, no transmite un mensaje cerrado ni contiene una verdad universal esperando ser descifrada.

Toda interpretación simbólica constituye una elaboración narrativa posterior producida por las funciones cognitivas del sujeto para organizar y racionalizar la activación ya desencadenada.

La narrasis se activa primero.

La interpretación aparece después.