El Símbolo como activador
Dentro de la teoría de la Narrasis, el concepto de símbolo requiere un desplazamiento ontológico radical.
Un símbolo no define, no representa y no contiene un significado intrínseco. No funciona como un signo que sustituye un referente ni como un contenedor universal de verdades arquetípicas.
Su naturaleza fundamental es estrictamente operativa.
El símbolo funciona exclusivamente como activador.
Activación y sistema nervioso
La función de un símbolo consiste en activar una configuración narrásica preexistente dentro del individuo o del grupo que lo reconoce.
El símbolo no construye una narrativa desde cero. Activa la posibilidad de que un sistema previamente habitado despliegue determinadas configuraciones narrativas ya potencialmente presentes.
En sistemas humanos, esta activación ocurre primero a nivel del sistema nervioso.
Antes de cualquier interpretación racional o elaboración discursiva, el símbolo desencadena una respuesta fisiológica de relevancia:
- adhesión emocional,
- tensión,
- rechazo,
- interés,
- identificación,
- miedo,
- fascinación,
o conflicto.
Sin esta activación nerviosa inicial, el símbolo permanece inerte y no consigue integrarse operativamente dentro del sistema.
La interpretación cognitiva aparece después.
La razón no produce primero el símbolo para luego emocionarse con él. El sistema nervioso se activa primero y posteriormente organiza narrativamente esa activación mediante elaboración cognitiva.
Por eso toda interpretación simbólica constituye siempre una elaboración narrativa posterior.
El símbolo no transmite un mensaje cerrado.
Abre un campo de activación dentro de un sistema previamente estructurado.
Rechazo del significado universal
El valor de un símbolo depende exclusivamente de su capacidad de activación.
Por esta razón, un mismo símbolo material puede activar configuraciones narrásicas completamente distintas dependiendo del sistema que lo reciba.
La cruz cristiana, por ejemplo, no posee un significado universal, estable y cerrado. Activa configuraciones diferentes según el régimen narrásico dentro del cual opere:
- católico,
- protestante,
- ortodoxo,
- secularizado,
- o incluso hostil al cristianismo.
El símbolo material puede permanecer idéntico.
La narrasis activada no.
Desde esta perspectiva, teorías como la de los arquetipos universales de Jung invierten erróneamente la dirección causal. El símbolo no constituye una causa universal previa que organiza los sistemas humanos. Es el resultado emergente de dinámicas narrásicas concretas.
El sistema produce el símbolo.
No al revés.
El símbolo dentro de la narrasis
Dentro del marco general de la teoría, una narrasis constituye el régimen dinámico de continuidad operativa que permite a un sistema persistir y reorganizarse bajo condiciones de cambio.
El símbolo no constituye el origen de ese sistema.
Aparece como un precipitado emergente dentro de él.
Un símbolo emerge cuando una configuración narrativa alcanza un grado suficiente de saturación y necesita fijarse en una forma relativamente estable para seguir siendo operativa.
El símbolo funciona entonces como una tecnología de condensación.
Comprime una enorme multiplicidad de:
- tensiones,
- conflictos,
- orientaciones,
- memorias,
- y relaciones
en una forma reconocible, transmisible y repetible.
No elimina la complejidad del sistema.
La vuelve activable.
Emergencia y eficacia operativa
La emergencia de un símbolo no garantiza automáticamente su eficacia.
La teoría distingue estrictamente entre aparición simbólica y eficacia operativa.
Como el símbolo sólo funciona como activador, su eficacia depende completamente de su capacidad de acoplamiento con el régimen narrásico existente.
Si el sistema no posee la infraestructura necesaria para sostener y propagar la activación:
- repetición,
- alineación institucional,
- condiciones materiales,
- sincronización colectiva,
- o continuidad narrativa,
el símbolo fracasa operativamente.
Por eso un mismo símbolo puede producir efectos históricos completamente distintos en contextos diferentes.
La traducción de la Biblia a lenguas vernáculas no consiguió reorganizar estructuralmente el sistema europeo bajo Wycliffe en el siglo XIV debido a la enorme fricción sistémica y a la ausencia de infraestructura suficiente.
Sin embargo, el mismo operador simbólico sí consiguió activar una reorganización narrásica masiva bajo Lutero en 1517.
La diferencia no estaba en el símbolo.
Estaba en el estado del sistema.
El sistema explica el símbolo
Dentro de la teoría de la Narrasis, el símbolo no explica el sistema.
Es el sistema quien explica el símbolo.
El símbolo constituye un estado funcional mediante el cual una narrasis consigue:
- condensar su historia,
- fijar orientaciones,
- estabilizar activaciones,
- y reorganizar continuidad
sin necesidad de explicitar toda la complejidad dinámica que lo sostiene.
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