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Susceptibilidad de Codificación

Susceptibilidad de Codificación

Dentro de la teoría de la Narrasis, la susceptibilidad de codificación constituye la propiedad ontológica fundamental que distingue a una narrativa humana de una simple dinámica relacional, un hábito transitorio o una interacción efímera.

Un sistema puede poseer secuencias organizadas, expectativas de comportamiento o patrones relativamente estables sin que por ello exista todavía una narrativa plenamente constituida. La narrativa humana sólo emerge cuando su eje organizativo adquiere capacidad para externalizarse, fijarse y estabilizarse en formas codificables.

Esta codificación no se limita al lenguaje escrito o verbal.

Una narrativa puede adoptar múltiples formas expresivas sin reducirse completamente a ninguna de ellas. Su eje estructurante puede estabilizarse mediante:

  • imágenes,
  • rituales,
  • arquitectura,
  • gestos,
  • música,
  • esculturas,
  • códigos jurídicos,
  • disposición espacial,
  • o patrones corporales repetidos.

La condición fundamental es que la dinámica organizativa consiga convertirse en una forma relativamente estable dentro del sistema.

Desacoplamiento y transmisión

La capacidad de codificación permite que la narrativa deje de depender exclusivamente de la interacción inmediata que la produjo.

Al fijarse en una forma relativamente estable, la narrativa puede desacoplarse parcialmente de su contexto original y circular a través de tiempos, espacios y situaciones completamente distintas.

La narrativa deja entonces de existir únicamente como ejecución inmediata y pasa a persistir también como posibilidad de reinscripción y reactivación futura.

Gracias a este desacoplamiento, los sistemas humanos pueden mantener continuidad organizativa mucho más allá de la experiencia individual inmediata.

Independencia respecto a la comunicación

La susceptibilidad de codificación otorga a la narrativa un estatuto ontológico relativamente independiente de la comunicación.

La narrativa no necesita estar siendo interpretada, verbalizada o transmitida activamente para seguir existiendo como configuración narrativa.

Puede permanecer:

  • latente,
  • olvidada,
  • inactiva,
  • o parcialmente inaccesible
    sin dejar por ello de formar parte del campo organizativo del sistema.

Por eso la teoría distingue estructuralmente entre narrativa y comunicación.

Mientras la comunicación constituye una modulación situada entre sistemas nerviosos, la narrativa puede persistir como configuración estabilizada incluso en ausencia de intercambio comunicativo activo.

Supervivencia más allá del régimen original

La codificación permite que determinados residuos narrativos sobrevivan incluso después del colapso del régimen narrásico que los produjo originalmente.

Las pinturas de Altamira, los jeroglíficos egipcios o determinadas arquitecturas rituales pueden persistir materialmente durante siglos o milenios aun cuando las condiciones narrásicas originales hayan desaparecido completamente.

Sin embargo, el código material superviviente no constituye por sí mismo la narrativa viva original.

Para que esa configuración vuelva a adquirir operatividad, debe reinterpretarse e integrarse dentro de un nuevo régimen narrásico activo capaz de reactivar parcialmente sus orientaciones estructurales.

Estabilización de continuidad

La susceptibilidad de codificación constituye, en última instancia, el mecanismo estructural que permite transformar dinámicas relacionales abiertas en unidades relativamente estables, transmisibles y reactivables.

Gracias a esta capacidad, los sistemas humanos pueden organizar continuidad a través del tiempo y del espacio sin depender exclusivamente de la presencia inmediata de quienes produjeron originalmente dichas configuraciones narrativas.