Qué es narrasis y por qué la necesitamos

Qué es la narrasis y por qué hace falta

El problema no es que las cosas cambien. El problema es cómo pueden seguir siendo “las mismas” mientras cambian.

Estamos acostumbrados a explicar la continuidad de tres formas bastante clásicas. La primera dice que algo sigue siendo lo mismo porque tiene una esencia que no cambia, aunque lo demás sí lo haga. La segunda dice que algo continúa mientras mantiene una forma reconocible: si la estructura se mantiene, hay continuidad. La tercera dice que lo que mantiene unido a un sistema es un objetivo o una finalidad que guía sus cambios.

Las tres ideas comparten algo: necesitan un punto fijo. Una esencia, una estructura o un fin que actúe como ancla.

El problema es que hay muchos sistemas reales que no funcionan así.

Existen sistemas que cambian continuamente por dentro, que no tienen una forma estable, que no están dirigidos por un centro de control claro y que tampoco parecen responder a un objetivo definido. Y aun así, siguen funcionando sin colapsar. No desaparecen ni se convierten en algo completamente nuevo cada vez que cambian.

Aquí es donde las explicaciones tradicionales se quedan cortas.

Un ejemplo claro es el cerebro humano. Las conexiones entre neuronas no son fijas: se crean, se eliminan, se refuerzan o se debilitan constantemente. No hay un “mapa” estable que garantice que seguimos siendo los mismos. Y, sin embargo, no empezamos de cero cada vez que el cerebro cambia. Seguimos pensando, recordando y actuando con continuidad.

Lo mismo ocurre con la memoria: no es un archivo donde las cosas se guardan intactas, sino un proceso dinámico que se reorganiza continuamente.

También pasa con la cultura. Las sociedades cambian sus normas, sus símbolos, sus instituciones. Todo se transforma con el tiempo. Y, aun así, no sentimos que cada cambio suponga el nacimiento de una sociedad completamente nueva.

Incluso una institución política puede cambiar profundamente su estructura y seguir siendo reconocible como la misma institución en términos de funcionamiento.

En todos estos casos, la continuidad no depende de que nada cambie. Tampoco depende de mantener una forma fija ni de seguir un objetivo concreto. Lo que se mantiene es otra cosa: la capacidad del sistema para seguir funcionando mientras cambia.

Ahí está el punto clave.

El problema no es identificar qué es un sistema, sino entender bajo qué condiciones puede seguir operando a lo largo del tiempo sin necesitar una estructura fija, un centro de control o una finalidad que lo guíe.

Cuando identificamos continuidad con estabilidad, cualquier cambio profundo parece una ruptura. Cuando la identificamos con una forma fija, el cambio parece una amenaza. Y cuando la identificamos con un objetivo, todo queda subordinado a ese fin.

Pero hay sistemas cuya continuidad depende precisamente de su capacidad de cambiar.

En esos casos, la continuidad no es conservar una forma, sino mantener la operatividad.

Aquí es donde entra el concepto de narrasis .

La narrasis no es una cosa ni una estructura concreta. Es una forma de funcionamiento. Describe cómo un sistema puede transformarse internamente sin dejar de operar como el mismo sistema.

Dicho de forma sencilla: una narrasis es un modo de continuidad en el que lo importante no es que todo permanezca igual, sino que las distintas fases del sistema sigan conectadas entre sí de manera funcional.

El sistema cambia, pero no se rompe.

A partir de aquí, la pregunta deja de ser “¿esto ha cambiado?” y pasa a ser “¿puede cambiar sin perder su continuidad?”.

Y esa diferencia no es un matiz. Es una forma completamente distinta de entender cómo funcionan los sistemas complejos dinámicos, como tú, yo, la sociedad en la que vivimos o las narrativas que generamos desde los sistemas narrásicos que habitamos.

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